jueves, 20 de abril de 2017

Sanabres 10. Santiago.



Llegar a Santiago siempre emociona; incluso aunque te hayan cambiado la oficina de información al peregrino y ahora sea mucho más insulsa; incluso aunque el camino se haya popularizado tanto que las colas interminables para coger la Compostela te obliguen a hacer una última y sorpresiva etapa del camino, “Santiago-Santiago”, quizá la más cansada de todas; incluso aunque después de tantas horas de soledad descansando de los excesos consumistas esta sea una ciudad tan agresiva, invasiva, atracante.

Pero  emociona, llegar a la plaza del Obradoiro y estar allí de pie un momento siendo el centro, sintiéndote imán, y esperar a llegar a las arcadas del ayuntamiento para tirar la mochila a un lado, sentarme y, entonces sí, levantar la vista para ver la catedral…

Esta sí que está ahí viendo pasar el tiempo. Y los peregrinos. Y viendo pasar el tiempo por los peregrinos que, como en mi caso, llegaron por el francés siendo uno, volvieron por el mismo francés siendo otro, luego por el inglés la única vez que vine acompañado, luego por el portugués, y esta vez, en dos etapas, dos años más viejo, por el sanabrés.

 Y rendirte al torrente evocador: el frío y el calor, la lluvia y la sed, el hambre y los desayunos, las cuestas arriba y las frambuesas silvestres, la plena consciencia de ti mismo y de dónde acabas,  y esa extraña sensación de estar a punto independizarte del gran animal del que has formado parte por unos días, de volver a estar solo, de dejar de ser una célula de esa masa informe que se desplaza hacia Santiago.


Acaba el camino de Santiago y, allí mismo, empieza el camino.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Sanabrés 9. Outeiro. Benemérita.

Outeiro es uno de esos pueblos a los que tienes que llegar a dormir aprovisionado ya que ni hay restaurante, ni tienda, ni menaje en la cocina del albergue. Justo una fuente y no caía agua.

(¿Por qué albergues con cocina y sin menaje? Misterio misterioso).

Así que comí tarde y abundante en “O Churrasco de Juanito” en Ponte de Ulla y encaré la subida con la alegría que da el cocido. Al inicio de la misma veo a los valencianos con dos guardias civiles. Nos tomaron los datos y nos contaron  que su labor era tranquila, vigilar el camino, pero que entre tanta gente de todo había y que pocas veces pasaba algo pero cuando pasaba cundía mucho así que mejor minimizar.


Mejor, sí, que las poblaciones que dependen del camino no quieren matar a la gallina ni los que lo hacemos queremos tener miedo. Al precio de que te fotografíen el DNI con el esmarfon y te den un ratito de conversación sale barato.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Sanabrés 8. Silleda. Ensalada en el colegio femenino, que no falte el pe...regrino.




En Silleda hay tres albergues privados. A mí me gusta dormir en albergues públicos, me gusta seguir los principios de austeridad y comunidad en el camino, pero me venía bien dormir allí aquel día así que me busqué el que pareciera más público.

El albergue de Santa Olaia de SIlleda es una parte de lo que se hizo con el pastón que cedió al morir la ricachona María Seoane Colmeiro a unas monjas. También hicieron un colegio, todo junto.

El albergue ahora lo es pero fue residencia femenina y lo sigue pareciendo: tres plantas con unas cincuenta habitaciones, cada una de las habitaciones para cuatro estudiantes (dos literas). Una pequeña cocina adjunta abajo, lavadero arriba y varias salas comunes.

Ya he hablado de lo poco transitado del camino Sanabrés y os cuento además que los otros dos albergues bombardean de propaganda los kilómetros previos.

Todo aquel edificio para mí solo. ¿Qué si pase miedo? No.

Pero haberlas, haylas.




miércoles, 2 de noviembre de 2016

Sanabrés 7. Vanesa y el boomerang en Castro Dozón.



El albergue de Castro Dozón es una enorme casona perfecta para campamentos infantojuveniles y es casi nuevo pero como no se utiliza más que para unos pocos peregrinos está hecho un desastre y da bastante pena. Compensando esto tiene una amabilísima hospitalera de veintiocho años que se llama Vanesa y aguanta tu rollo si, como a mí, te da por soltárselo.

-¿Cómo es la vida en Castro Dozón?
-Bueno, tranquila, de infarto no nos morimos.


Pese a que entre otras cosas le conté lo de mi blog no creo que me lea pero, si fuera así, citaré textualmente el final de la canción “Boomerang” de los Manel: “Ei Vanesa si sents això una abraçada molt gran".

miércoles, 26 de octubre de 2016

Sanabrés 6. Orense-Castro Dozón. "Costiña".





Con unos cuantos trozos de camino hechos ya has pasado por muchos sitios, parajes, iglesias, cruceiros, cuestas arriba y abajo, aldeas, pueblos ciudades…algunas quedan en la memoria, la mayoría se olvidan, y unas pocas pasan al salón de la fama de los recuerdos. Entre Orense y Castro Dozón hay una de estas últimas: la costiña de Canedo.

Dos kilómetros de distancia para doscientos sesenta y dos metros de desnivel. Un promedio del trece por ciento con algún pico del veintidós.


Soltar aquí estos datos probablemente es una ordinariez y os aburra pero no deja de tener su gracia la retranca gallega: “Costiña”…

sábado, 22 de octubre de 2016

Sanabrés 5. Orense. Paparazzo.





Inscripción sobre la puerta del cementerio de Orense, no sé si con mi ilegal forma de obrar
 en las termas mi alma gano puntos para tirar más para abajo que para arriba.


De Xunqueira a Orense solo median veintidós kilómetros y medio. Una etapa muy corta, sí, pero pensé que igual merecía la pena descansar un poco y volver a visitar la ciudad que tiene tres cosas que no las hay en España (el Santo Cristo, el puente romano y las burgas “ferviendo auga”). 

Me bajé con Antonio (el burgalés) a las termas, unas piscinitas con agua caliente que quedan al lado del río y que, como buen turistilla de medio pelo, tenía que fotografiar. En esas estaba, intentando sacar favorecido al de Burgos, cuando una señora con muy mal genio nos indicó que estaba prohibido hacer fotos, y “que yo no tengo por qué salir en bañador en el fondo de pantalla de nadie”.


Antonio rió algo fastidiado mientras me advertía bien alto que si de esta volvíamos de nuevo sin las fotos el director de la “Interviu” nos iba a echar. Yo también reí e hice como que reenfundaba mi arma pero el momento, por mis cojones, quedó inmortalizado.





jueves, 20 de octubre de 2016

Sanabrés 4. Xunqueira 2. Callos.





A intentar comer en Xunqueira llegué tarde, fue una etapa larga y yo antes de comer necesito haberme duchado y haber lavado y colgado la ropa.

Entré a uno de los tres restaurantes, el que me había recomendado Guillermo (y allí estaba él, por cierto).

- ¿Aún me dais de comer?
- Siéntate. De primero me queda ensalada mixta o empanada.
- ¿Y de segundo?
- Callos
- Comeré la ensalada, pero tengo dudas con el segundo.
- Te recomiendo los callos.
- Hágase.